Los remaches de cobre y de latón con arandela son una de las uniones de guarnicionería más firmes. Se usan sobre todo allí donde el remache tiene que sujetar bien, donde la unión va a soportar esfuerzo o donde el remache debe ser además un detalle artesanal visible. Los encontrará, por ejemplo, en collares y correas de cuero para perros, arneses, cinturones, bolsos y otros artículos de cuero, en los que además de resistencia pueden aportar un toque de diseño muy marcado.
A diferencia de los remaches de guarnicionería habituales, aquí no basta con elegir el tamaño correcto: también cuentan la longitud del vástago, el asiento de la arandela y el remachado final del extremo. Por eso merecen una guía propia.
En este artículo verá cómo funcionan los remaches de cobre y de latón con arandela, cómo elegir el tamaño adecuado, qué herramientas necesita y cómo remachar paso a paso.
Cómo funciona un remache con arandela
Los remaches de cobre y de latón con arandela constan de dos piezas: el remache con su vástago y una arandela independiente. El vástago se pasa por el orificio preparado en el material; por el otro lado se coloca la arandela y, con el remachador, se baja hasta asentarla contra el material.
Después se corta la parte sobrante del vástago y lo que queda se remacha a golpes hasta formar la cabeza definitiva. Así se obtiene una unión firme que no se puede desmontar.
Precisamente el trabajo con la arandela, la longitud del vástago y el remachado del extremo es lo que distingue este tipo de remache de los remaches de guarnicionería más habituales.
Cobre o latón: qué variante elegir
Los remaches de cobre y los de latón con arandela funcionan con el mismo principio. La diferencia está sobre todo en el material, en el aspecto y en el efecto que tendrán en la pieza terminada.


Los remaches de cobre tienen un tono cálido y rojizo característico. En los artículos de cuero llaman la atención, transmiten un aire artesanal y lucen allí donde el remache debe formar parte visible del diseño.
Los remaches de latón tienen un tono dorado y combinan bien con los herrajes de latón. Si en la pieza usa hebillas, medias anillas, mosquetones u otros componentes de latón, el remache de latón ayuda a unificar el aspecto de todo el conjunto.

Qué les ocurre al cobre y al latón con el tiempo
Con el cobre y el latón hay que contar con que su aspecto puede cambiar con el uso. Ambos materiales pueden oscurecerse con el tiempo, perder el brillo original y adquirir pátina. No es un defecto, sino una propiedad natural de estos metales.
La humedad y el agua pueden acelerar este proceso. Si la pieza está a menudo en contacto con agua, sudor, lluvia o un ambiente húmedo, los remaches pueden oscurecerse antes o mostrar oxidación superficial. En el cobre, con la acción prolongada de la humedad y el aire, puede formarse la típica pátina verdeazulada. El latón puede virar a tonos más oscuros y mates.

Eso no significa que el remache sea automáticamente malo o que no cumpla su función. En el cobre, la pátina es una reacción natural habitual de la superficie y, en algunas condiciones, puede formar incluso una capa protectora. En el latón conviene recordar que es una aleación de cobre y zinc y que, con una exposición prolongada o agresiva al agua y al ambiente, puede corroerse. Por eso, en las piezas que se van a mojar a menudo, vale la pena pensar no solo en el aspecto, sino también en revisar la unión con regularidad.
Si quiere que los remaches conserven el brillo más tiempo, manténgalos secos, seque la pieza después de mojarse y, de vez en cuando, límpielos o púlalos con suavidad. Si, por el contrario, no le molesta la pátina natural, con el tiempo los remaches de cobre y de latón pueden adquirir un aspecto artesanal más marcado.
Cómo elegir el tamaño del remache
En los remaches de cobre y de latón con arandela se elige sobre todo el tamaño del remache y la longitud del vástago. En las descripciones también puede encontrar el término «caña»: en este artículo nos referimos con él a la parte recta del remache que atraviesa el material y sobre la que se coloca la arandela.

Tamaño del remache
Tenemos remaches con arandela en dos tamaños: con cabeza de 9 mm (caña de 3 mm; en el cobre, 3,3 mm) y con cabeza de 12 mm (caña de 4 mm). Las longitudes del vástago son 14, 20 y 26 mm. El remache más grande tiene la cabeza mayor y el vástago más grueso; el más pequeño, la cabeza menor y el vástago más fino.
Para piezas pequeñas o partes estrechas de material va bien el remache pequeño. Para piezas grandes, partes anchas, material más grueso o uniones con más esfuerzo, elija el remache grande.
Piense también en el aspecto. En la pieza terminada se ve por un lado la cabeza original del remache y, por el otro, el extremo remachado del vástago; por eso el tamaño del remache debe ir en consonancia con el aspecto general de la pieza.
Longitud del vástago
Elija la longitud del vástago según cuántas capas de material une y el grosor total resultante. Cuanto más grueso sea el material, más largo tendrá que ser el vástago.
Una vez pasado el remache por el material, debe quedar sitio suficiente para colocar la arandela y remachar. Elija la longitud del vástago de modo que, con la arandela asentada, sobresalga de 2 a 4 mm por encima de ella; ese es el metal que se remachará para formar la cabeza. Así que al grosor del material súmele el grosor de la arandela y de 2 a 4 mm.
Un vástago demasiado corto no se podrá remachar bien. Uno demasiado largo es menos problemático, pero después de asentar la arandela tendrá que cortarlo correctamente.


Cómo preparar el orificio en el material
Haga el orificio según el diámetro del vástago: para un vástago de 3 mm, un sacabocados de 3 mm; para uno de 4 mm, un sacabocados de 4 mm (para el remache de cobre con vástago de 3,3 mm, también 3 mm). Compruebe siempre la medida en una muestra del material. El remache debe atravesar el material, pero no debe quedar holgado en el orificio.
Si el orificio es demasiado pequeño, no conseguirá pasar el vástago o dañará el material. Si es demasiado grande, el remache no asentará bien y la unión puede no sujetar como debe.
Qué herramientas necesita
Antes de empezar a remachar, prepare el remache, la arandela y las herramientas adecuadas:
- remaches de cobre o de latón con arandela,
- un sacabocados o una tenaza sacabocados para el orificio,
- un remachador adecuado al diámetro de la cabeza del remache,
- un martillo,
- unos alicates de corte para acortar el vástago,
- una base de trabajo firme, por ejemplo una losa de granito o un yunque,
- si hace falta, papel de lija o una minifresadora para alisar irregularidades del remachador.
La herramienta más importante es el remachador. Tiene dos partes de trabajo: un orificio para asentar la arandela y una cavidad para el remachado propiamente dicho. Gracias a él bajará la arandela correctamente hasta el material y conseguirá después un acabado del remache más limpio.

Conviene revisar que en la cavidad del remachador no hayan quedado pequeñas rebabas o aristas vivas de fabricación. Si las hay, puede alisarlas con papel de lija o con una minifresadora para que no dañen la cabeza del remache al remachar.
Qué lado del remache dejar a la vista
Antes de remachar, piense qué lado de la pieza quedará más a la vista y cuál estará en contacto con la piel, el pelo u otro material delicado.
Por un lado se ve la cabeza lisa original del remache; por el otro, al remachar, se forma una nueva cabeza. Los dos lados pueden quedar a la vista; depende del aspecto de la pieza y de cómo termine el remache.
Si un lado de la pieza va a estar en contacto directo con la piel o el pelo, es más seguro orientar hacia ese lado la cabeza lisa original. El lado remachado hay que revisarlo siempre con cuidado para que no le quede ninguna arista viva.


Cómo remachar paso a paso
Cuando tenga el remache adecuado, el orificio en el material y las herramientas necesarias, puede empezar a remachar.

1. Introducir el remache en el orificio
Pase el remache por el orificio preparado en el material. Decida antes en qué lado quiere la cabeza lisa original y en qué lado formará la nueva cabeza remachada.

2. Colocar la arandela
Coloque la arandela en el vástago. La arandela va en el lado del material donde después cortará el vástago y formará la cabeza remachada.

3. Asentar la arandela contra el material
Coloque el remachador en el vástago con la parte que sirve para asentar la arandela. No baje la arandela de un solo golpe fuerte. Es mejor trabajar poco a poco, con varios golpes más pequeños.
El objetivo es que la arandela quede bien apoyada sobre el material. No debe quedar suelta, pero tampoco conviene hundirla demasiado en el cuero.


4. Cortar el vástago sobrante
Con la arandela ya asentada, corte el vástago sobrante con los alicates de corte. El trozo de metal cortado sale despedido, así que sujete el vástago con un trapo al cortarlo y trabaje con gafas de protección. Por encima de la arandela debe quedar solo el material necesario para remacharlo con seguridad y formar la nueva cabeza.

Como orientación, puede moverse entre unos 2 y 4 mm según el tamaño del remache. En los remaches pequeños pueden bastar unos 2 mm; en los grandes, o si quiere dar más forma a la cabeza, puede necesitar algo más de material.
Resulta práctico cortar el vástago en dos veces. Primero corte con los alicates hasta más o menos la mitad del grosor del vástago; después gire los alicates 90° y termine el corte. Así se forma un bisel que luego se aplana bien y queda listo para el remachado.

5. Formar la cabeza del remache
Primero puede aplanar ligeramente el bisel con el martillo. Después use la otra parte del remachador: la cavidad destinada al remachado.

Con varios golpes pequeños y un ligero movimiento circular, forme la cabeza definitiva del remache. No hace falta emplear mucha fuerza. Lo importante es dar forma poco a poco.

6. Revisar el remache terminado
Para terminar, revise el remache con el dedo. No debe quedarle ninguna arista viva que pueda arañar la piel, dañar el cuero, enganchar la tela o rasgar otro material.

Opciones de acabado de la cabeza del remache
En los remaches de cobre y de latón con arandela también puede influir en el aspecto de la cabeza que forma. Depende de la herramienta que use y del resultado que convenga a cada pieza.
Acabado limpio con el remachador
La opción más habitual es el acabado con el remachador. Después de asentar la arandela y cortar el vástago, use la cavidad del remachador y, con golpes pequeños y sucesivos, forme una cabeza más lisa y regular.
Esta variante va bien cuando quiere un acabado limpio y controlado. El remachador y el yunque se usan igual que con los remaches habituales; lo explicamos en remachado a mano.
Acabado más rústico con martillo
Si busca un aspecto más artesanal, puede trabajar un poco más la cabeza terminada con pequeños golpes de martillo. Va bien, por ejemplo, un martillo pequeño de orfebre con cabeza de bola, que deja en el metal una textura más irregular.
Puede lograr un efecto parecido con otro martillo adecuado. Depende sobre todo de la forma de la cabeza del martillo y de la huella que deje en el metal. Lo importante es trabajar poco a poco, con golpes pequeños, y comprobar al final que no ha quedado ninguna arista viva en el remache.
Remachado con martillo de cabeza plana
Otra opción es, después de cortar el vástago, no usar el remachador y remachar directamente con un martillo de cabeza plana. La cabeza resultante tendrá otro aspecto que con el remachador y puede encajar donde quiera que se note más el trabajo a mano.
En esta variante hay que trabajar con cuidado para que la cabeza se reparta de forma uniforme y no le queden bordes cortantes.
En todas las variantes, la cabeza terminada hay que revisarla al final con el dedo. No debe tener aristas vivas ni salientes que puedan dañar el material o resultar molestos con el uso.
Consejos prácticos para remachar
Al trabajar con remaches de cobre y de latón con arandela, merece la pena recurrir a algunos trucos sencillos que facilitan el trabajo y ayudan a conseguir un resultado más limpio.
Un truco para proteger la arandela y marcar la longitud
Al acortar el vástago puede ayudarse con un trozo de papel u otro material fino. Lo coloca en el vástago, encima de la arandela, y lo usa como guía sencilla.
Le ayudará en dos cosas:
- protege la arandela para que no se dañe al cortar,
- ayuda a calcular mejor por dónde cortar el vástago.
Así le será más fácil asegurarse de que por encima de la arandela queden unos 2 a 4 mm de material, según el tamaño del remache y el acabado de cabeza que busque.

Un refuerzo para materiales finos
Si remacha un material fino, por ejemplo cuero delgado o tela, puede ayudarse con un trozo de cuero más grueso. Lo coloca en el vástago antes de la arandela de cobre o de latón.
Esta arandela auxiliar de cuero ayuda a repartir la presión y resulta útil sobre todo con materiales que podrían deformarse o dañarse al remachar.

Pulir la cabeza del remache
También puede mejorar el aspecto del remache terminado puliéndolo. Lije primero la cabeza con suavidad y vaya pasando a granos más finos hasta que la superficie quede más lisa.
Si quiere más brillo, puede usar pasta de pulir. Aplíquela en un trozo de cuero natural y pula la cabeza del remache con suavidad. Este paso no es necesario para que la unión funcione, pero puede venir bien si quiere que el remache se vea más limpio, más brillante o que combine mejor con el aspecto general de la pieza.
Errores más frecuentes al remachar
En los remaches de cobre y de latón con arandela lo decisivo es la longitud correcta del vástago, un orificio bien preparado y un acabado cuidadoso. Los errores más frecuentes aparecen justo cuando alguno de estos pasos se hace con prisa.
Preste atención sobre todo a:
- un vástago demasiado corto, que no deja material suficiente para formar la cabeza,
- un orificio demasiado grande, en el que el remache no queda firme,
- una arandela que queda suelta y no asienta sobre el material,
- golpes de martillo demasiado fuertes, que pueden dañar la arandela o el material,
- un vástago mal cortado,
- aristas vivas en la cabeza terminada.
Al terminar, revise siempre el remache no solo a la vista, sino también con el dedo. La unión terminada debe ser firme, sin holgura y sin aristas vivas. Si la pieza va a estar en contacto con la piel, el pelo o la tela, esta comprobación es especialmente importante.

Conclusión
Los remaches de cobre y de latón con arandela no son solo una forma práctica de hacer una unión firme. En la pieza terminada funcionan a menudo como un elemento de diseño destacado. Una cabeza de cobre o de latón resalta en la pieza terminada, sobre todo en el cuero.
Para que el resultado se vea bien, conviene no tener prisa. Cuide el tamaño correcto del remache, un orificio limpio, una arandela bien asentada y una cabeza trabajada con esmero y sin aristas vivas. En este tipo de remachado no decide la fuerza, sino la precisión, la paciencia y la herramienta adecuada.
Si todo sale bien, conseguirá una unión que no solo aguanta, sino que además aporta a la pieza un bonito detalle metálico.
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