Hacer collares para perros a mano es un trabajo bonito, pero también es un oficio en el que cada milímetro cuenta. Un remache torcido, un agujero mal perforado o unos herrajes mal elegidos pueden estropear no solo el aspecto del producto terminado, sino sobre todo su función y su seguridad.
Un collar no es un accesorio para la foto. Tiene que aguantar el uso diario, los tirones de la correa y el movimiento del perro. Por eso conviene revisar cada parte importante antes de embalar el collar y enviarlo al cliente.
En este artículo repasamos los errores más frecuentes al hacer collares para perros, por qué se producen y cómo evitarlos.
1. Remache torcido
Un remache torcido no es solo un defecto estético. En un collar, esa unión puede ser un riesgo real, porque a menudo sujeta la hebilla, la anilla en D u otra parte que soporta carga. Si el remache no queda recto o se dobla hacia un lado al remacharlo, la unión puede quedar floja y, con el uso, aflojarse poco a poco o arrancarse.


Un remache mal colocado suele verse a primera vista o al revisarlo en la mano: la cabeza no apoya en toda su superficie sobre el material, entre el remache y la cinta queda un hueco visible, o el remache se mueve o gira un poco al tirar de él. Un remache bien colocado queda firme, recto, sin hueco entre el metal y el material y sin ningún juego.
Las causas más frecuentes son:
- un largo de remache mal elegido,
- un agujero demasiado grande o perforado torcido,
- remachar en ángulo,
- usar una herramienta inadecuada o una matriz equivocada.
El largo del remache es lo que más influye. Si el vástago es demasiado corto, no se deforma bien y la unión no aguanta. Si, por el contrario, es demasiado largo, puede desviarse hacia un lado al prensarlo o al golpearlo. El resultado es un remache torcido, que no queda bien y, sobre todo, no es fiable.

Una regla práctica del taller: el vástago del remache debe ser 2–3 mm más largo que el grosor total de todas las capas, es decir, después de pasarlo por las capas debe sobresalir unos 2–3 mm. Con cada material, lo mejor es hacer antes una prueba en un retal del mismo grosor.
Si el remache ya ha quedado mal, no intente corregirlo a golpes ni hacer palanca con un destornillador. Lo normal es que solo raye los herrajes, dañe la cinta o deforme el contorno del agujero. Es más seguro quitar el remache defectuoso con unos alicates pensados para cortar remaches y volver a hacer la unión.

Antes de volver a remachar, compruebe que el agujero tiene el tamaño correcto, que las capas de material coinciden exactamente y que el remache atraviesa el material en perpendicular. En las partes del collar que soportan carga, conviene hacer una prueba rápida en un retal antes de remachar el producto terminado.
2. Ojal agrietado o mal colocado
Un ojal agrietado no es solo un defecto estético. Si al remacharlo se agrieta el borde o el ojal no se cierra bien, por debajo puede quedar un canto afilado. Ese canto puede arañar al perro, enganchar el pelo, dañar el forro o, con el tiempo, deteriorar la propia cinta. Además, un ojal mal colocado puede girar o desplazarse en el agujero, o ir saliéndose del material poco a poco.

Las causas más frecuentes son:
- un agujero demasiado grande o irregular,
- un tamaño de ojal mal elegido,
- un material demasiado fino,
- una base irregular bajo el ojal,
- demasiada presión al prensar,
- un borde endurecido tras perforar el agujero en caliente en cintas de polipropileno.

En las cintas de polipropileno, el problema suele aparecer ya al hacer el agujero con calor. Cómo trabajar con estas cintas lo explica el artículo Cómo trabajar con cintas resistentes al agua; para elegir con qué perforarlas, consulte la comparativa de sacabocados. La herramienta caliente sella el agujero, pero a su alrededor puede formarse un reborde duro de plástico fundido. Si no aplana ese reborde, el ojal no apoya sobre una base plana y al remacharlo puede agrietarse o no asentar bien.

Ayuda aplanar el plástico fundido todavía en caliente contra un metal liso y frío u otra superficie firme y plana. El objetivo es que el ojal asiente sobre material plano, no sobre un reborde duro.
Si el material es demasiado fino, el ojal no tiene dónde asentarse bien. En ese caso puede ayudar reforzar el reverso con otro trozo de material o usar otro tamaño de ojal según el grosor concreto del material.

Un ojal mal prensado o agrietado hay que quitarlo con cuidado. El procedimiento puede variar según el material, por eso recomendamos probar primero a quitarlo en un retal de la misma cinta o del mismo cuero. En algunos materiales el ojal se puede partir o sacar con cuidado; en otros se corre el riesgo de dañar el contorno del agujero.
Encontrará una guía detallada para remachar ojales correctamente en nuestro artículo:
3. Agujero para el hebijón mal perforado
Para fijar bien una hebilla para collar o para cinturón hay que perforar en la correa un agujero para el hebijón. Lo más habitual es colocar la hebilla en el doblez del material y fijarla con costura, tornillos Chicago o remaches. El hebijón sale entonces por el agujero perforado y, al abrochar, entra en los agujeros del otro extremo del collar.
Este agujero no debería ser redondo, sino ovalado. El hebijón necesita moverse con naturalidad dentro de él y la hebilla tiene que asentar bien en el doblez. Cuanto más grande o robusta sea la hebilla, más largo suele tener que ser el agujero ovalado.
Es muy importante que el agujero ovalado quede exactamente en el centro de la correa. Si lo perfora fuera del eje, el hebijón no quedará centrado. Y si después perfora los agujeros de cierre del otro extremo correctamente en el centro, puede que el hebijón no entre bien en ellos. El resultado es un cierre torcido, una hebilla que no encaja y un collar que parece poco preciso.

Por eso, antes de perforar, compruebe siempre:
- el centro exacto de la correa,
- el largo correcto del agujero ovalado según el tamaño de la hebilla,
- la distancia del agujero al extremo del material y al doblez,
- si el hebijón saldrá realmente por el centro de la correa una vez doblada.
Para marcar el centro exacto resulta útil la plantilla de la marca Kemovan. Guía por el centro cintas de 15 a 48 mm de ancho, de modo que el agujero ovalado para el hebijón y los agujeros de cierre quedan en la misma línea. La separación entre agujeros es fija; para otras distancias, mida los agujeros a mano.

Antes de perforar el agujero en el collar terminado, revise la marca una vez más. Un punto mal marcado se corrige fácilmente, pero un agujero ovalado mal perforado ya no tiene arreglo.
4. Agujeros de cierre irregulares o mal elegidos
Los agujeros de cierre se ven bien en el collar terminado y, además, influyen en cómo queda la correa al abrocharla. No basta con acertar el centro. También importan la separación regular, el número de agujeros y su forma.

El error típico aparece al marcar a ojo. Un agujero queda un poco más arriba, el siguiente tiene otra separación y toda la fila parece imprecisa. Por eso, marque primero el agujero central según el contorno de cuello medido del perro y, a partir de él, mida los demás agujeros hacia ambos lados con la misma separación. Así el cliente tendrá margen para apretar o aflojar el collar.
Al marcar, conviene seguir el mismo eje que ya definió para el agujero del hebijón. La plantilla de la marca Kemovan le ayudará a marcar los agujeros rectos, centrados y con la misma separación, sin tener que medir cada uno a ojo.

Los agujeros de cierre pueden ser redondos, pero en algunos collares o cinturones también tienen sentido los ovalados. El sacabocados ovalado está pensado para cuero; para cintas resistentes al agua no sirve. El hebijón asienta mejor en un agujero ovalado y la correa puede quedar más natural al abrocharla. El agujero redondo es más habitual y para muchos productos basta, pero en correas más gruesas, con hebillas más robustas o cuando busca un ajuste más limpio, el corte ovalado puede ser mejor opción.

Lo práctico es marcar primero todos los agujeros, revisar la fila completa y solo después empezar a perforar. Todavía puede corregir una marca mal puesta. Un agujero mal perforado, ya no.
5. Largo del collar mal elegido
Un largo de collar mal elegido es un error que muchas veces solo se descubre cuando el cliente prueba el collar en el perro. Quien lo fabricó puede haber seguido al pie de la letra la medida recibida; el problema suele estar en qué midió realmente el cliente.

No basta con escribir «mida el collar viejo». Cada persona puede entender algo distinto. Una mide el collar correctamente desde el punto donde apoya el hebijón hasta el agujero más usado. Otra mide el collar entero, desde la hebilla hasta el final de la correa sobrante. Esa medida no corresponde al contorno de cuello del perro y el collar terminado puede salir incluso varios centímetros más largo de lo debido.

Por eso, indique siempre al cliente con claridad qué debe medir:
- el contorno real del cuello del perro,
- o el collar viejo, desde el punto donde apoya el hebijón hasta el agujero en el que el perro lo lleva normalmente,
- y, a ser posible, que le envíe una foto del collar viejo con una cinta métrica al lado.
El segundo problema aparece en collares más gruesos, forrados o acolchados. Sobre la mesa el largo puede parecer correcto, pero al abrocharlo el contorno interior se reduce. El material tiene su grosor y, si el collar está acolchado, por ejemplo con espuma, neopreno u otra capa de cuero, ocupa parte del espacio interior.
Por eso, en los collares más gruesos conviene comprobar no solo el largo de la correa extendida, sino también el contorno interior real del collar abrochado. Es lo que decide si el perro irá cómodo.
Lo mejor es que el perro lleve el collar abrochado en el agujero central. Así queda margen para apretarlo o aflojarlo, por ejemplo cuando el perro adelgaza, engorda, le cortan el pelo o le crece el pelo de invierno.
6. Herrajes de un ancho que no corresponde a la cinta
Los herrajes tienen que corresponder de verdad a la cinta o a la correa. No basta con que la medida sea «casi la misma». Si la cinta es más ancha que el ancho interior de la hebilla, del pasador o de la anilla en D, rozará en el herraje, se retorcerá o no se moverá bien.

El problema típico surge con medidas que parecen parecidas, pero no son iguales. Por ejemplo, una cinta de 40 mm y un herraje con 38 mm de ancho interior. Una diferencia de dos milímetros puede parecer insignificante sobre el papel, pero en la práctica puede hacer que la cinta pase mal por la hebilla o se deforme dentro de ella.
Por eso, al elegir, compruebe siempre no solo el ancho de la cinta, sino también la medida interior del herraje. Fíjese en los dibujos técnicos y en las medidas indicadas en el producto, no solo en el nombre de la variante. Si en la web tiene activada la visualización de medidas en pulgadas, tenga en cuenta que también verá las tablas y las medidas técnicas en pulgadas.
Cuidado también con el grosor del material. Si la cinta pasa por el herraje en varias capas, no basta con fijarse en el ancho. Un material demasiado grueso o rígido puede doblarse peor dentro de la hebilla, pasar con dificultad o quedar separado sin necesidad.
Lo mejor es probar la combinación concreta antes de fabricar. Se ahorrará la situación en la que el collar está casi terminado, pero la cinta no encaja en la hebilla, roza o se retuerce de forma poco natural.
7. Anilla en D colocada sin pensar en el uso
A la pregunta de dónde va exactamente la anilla en D en un collar no hay una única respuesta universal. Encontrará distintas construcciones y cada una puede tener su razón de ser.
Lo importante es pensar en cómo se va a usar ese collar concreto. Con el collar abrochado, la anilla en D debería quedar accesible para enganchar la correa, no debería estorbar al abrochar y su posición no debería hacer que el collar gire de forma molesta.
Cuidado también con la distancia al resto de los herrajes. Si la anilla en D está demasiado cerca de la hebilla o de otra pieza metálica, pueden chocar entre sí al moverse y tintinear. En un paseo normal puede no ser un problema importante, pero, por ejemplo, en el bosque cualquier ruido innecesario puede resultar molesto.




Al diseñar el collar, tenga en cuenta sobre todo:
- la construcción y el tipo de cierre del collar,
- el tamaño y el peso de los herrajes,
- la distancia entre las distintas piezas metálicas,
- dónde quedará realmente la anilla en D con el collar abrochado,
- y las preferencias del cliente, si hace el collar por encargo.
La posición correcta es la que tiene sentido para ese collar, ese perro y ese uso concretos. No existe una solución que sea la mejor para todos.
8. Herrajes que no corresponden al tamaño ni al uso
Elija los herrajes según el perro, no solo según lo que le guste. Un perro pequeño no necesita herrajes tan macizos como una raza grande y fuerte. Una hebilla pesada o una anilla fundida grande pueden tirar del collar hacia abajo sin necesidad, hacer que gire en el cuello y restar comodidad.
Un chihuahua, un yorkshire terrier o un perro pequeño de compañía no necesita herrajes capaces de sujetar a un perro fuerte como un pitbull terrier. Para él, esos herrajes son demasiado robustos.

En perros pequeños suele tener sentido usar:
- herrajes de plástico más ligeros,
- hebillas más pequeñas,
- componentes metálicos aligerados,
- anillas en D más pequeñas,
- una construcción del collar más fina en general.
En cambio, para perros fuertes que tiran mucho o para uso deportivo hay que elegir herrajes firmes y resistentes.
Un caso aparte son los perros que nadan a menudo o se meten en el agua. Para ellos conviene pensar en la resistencia a la humedad. Los herrajes de acero inoxidable pueden ser adecuados precisamente cuando el collar va a estar a menudo en el agua o en un entorno mojado.
El objetivo no es poner a cada collar los herrajes más fuertes posibles. El objetivo es elegir herrajes que correspondan al tamaño del perro, a su fuerza, a su actividad y al entorno en el que se usará el collar.
9. Cuero sin revisar o que se agrieta en las zonas de esfuerzo
En los collares de cuero no basta con revisar el lado flor de la correa. Los daños también pueden aparecer en el reverso y no verse en absoluto desde el lado visible.

Por eso, al cortar las tiras, conviene revisar toda la tira por ambos lados antes de seguir trabajando. En el reverso pueden aparecer cortes, grietas o zonas parcialmente dañadas que no atraviesan el cuero, pero que pueden abrirse con el esfuerzo. Es mucho mejor descubrir esa zona enseguida que cuando la correa ya está teñida y casi terminada.
También hay que vigilar las zonas donde el cuero se dobla mucho, por ejemplo alrededor de la hebilla. En un doblez cerrado, el lado flor del cuero soporta una gran tensión y el material puede empezar a agrietarse.


Por eso, en cueros más gruesos, la zona del doblez se suele rebajar por el lado carne. Así la correa se dobla de forma más progresiva, en el doblez no se forma un bulto innecesario y el lado flor sufre menos. A menudo se recomienda rebajar el material en el doblez hasta aproximadamente la mitad de su grosor original, aunque siempre depende del cuero concreto y de la construcción del producto.

Por eso, antes de terminar un collar de cuero, compruebe:
- toda la correa por el lado flor y por el lado carne,
- que no aparezcan grietas ni cortes en ningún sitio,
- el estado del cuero en las zonas que va a doblar,
- y que el cuero se doble de forma progresiva alrededor de la hebilla, sin que se agriete el lado flor.
El acabado o el bruñido de los cantos es, sobre todo, una cuestión de aspecto y del tipo de acabado elegido. Por sí solo no indica si un collar está bien o mal hecho.
10. Tornillos flojos
Si en la fabricación usa tornillos Chicago o adornos de rosca (cómo elegirlos lo explica el artículo Tornillos Chicago), tenga en cuenta que con el uso pueden aflojarse con el tiempo. El collar se dobla con el movimiento del perro, los herrajes trabajan y la unión está expuesta a vibraciones y a esfuerzos repetidos.

Por eso, antes del envío, compruebe siempre:
- si todos los tornillos están bien apretados,
- si quedan rectos,
- si en ningún sitio sobresale un canto afilado,
- si la unión no se afloja al tirar o al moverla.
Si quiere asegurar la unión roscada para que no se afloje sola, use un fijador de roscas adecuado, por ejemplo Loctite 243. Está pensado para uniones roscadas metálicas y actúa donde la rosca del tornillo toca la rosca de la contrapieza. Una vez curado, ayuda a evitar que se afloje con el movimiento, las vibraciones o los golpes.
La ventaja es que no se trata de un pegado permanente. Si más adelante necesita aflojar el tornillo, por ejemplo para una reparación o para cambiar un herraje, podrá desmontar la unión con herramientas manuales normales.
El pegamento instantáneo no es un buen sustituto para asegurar una rosca. Puede pegar también el material de alrededor y complicar el desmontaje posterior. En construcciones desmontables es mejor usar un producto pensado específicamente para fijar roscas.
11. Lavar el collar terminado en la lavadora sin necesidad
No hace falta lavar el collar terminado en la lavadora antes de venderlo. Aun así, nos hemos encontrado casos en los que el fabricante lavó collares recién cosidos antes de ponerlos a la venta y después tuvo que lidiar con herrajes dañados o golpeados.

El problema es que un collar no es una pieza textil sin más componentes. En el lavado gira y se retuerce una y otra vez en el tambor, y las piezas metálicas golpean el tambor y se golpean entre sí. En reguladores de tres barras, hebillas, anillas y otros herrajes con tratamiento superficial, ese tratamiento puede rayarse o desconcharse antes de que el producto llegue al cliente.
La lavadora también puede someter a un esfuerzo innecesario a los remaches, las costuras, los componentes de plástico y otras uniones. La temperatura o el propio detergente también pueden dañar algunos materiales.
Si hace falta limpiar un collar nuevo de polvo, restos de rotulador o suciedad del taller, normalmente basta con una limpieza a mano localizada, según el material. No hay motivo para someter todo el producto nuevo al esfuerzo mecánico de la lavadora.
Conviene dar la misma recomendación al cliente. Si un collar textil o resistente al agua se ensucia con el uso, recomendamos limpiarlo a mano:
- con agua tibia,
- con jabón suave,
- con un paño o un cepillo suave,
- aclarándolo después con agua limpia,
- dejándolo secar al aire, lejos de radiadores y de fuentes de calor directas.
En las cintas resistentes al agua suele bastar con pasar un paño húmedo por la superficie. Si la suciedad es mayor, ayudan un jabón suave y un cepillo.
No moje con agua un collar de cuero. Límpielo con un paño húmedo y jabón para cuero Universal y después nútralo con bálsamo. Encontrará el procedimiento y otros productos en el artículo Acabado del cuero.
La lavadora no es, por tanto, una forma de «terminar» un collar nuevo antes de venderlo ni de prepararlo para el cliente. Al contrario, puede dañar sin ninguna necesidad un producto que estaba bien terminado.
12. Falta de un control final antes del envío
Antes de embalar el collar terminado, revíselo siempre una vez más a fondo por el lado visible y por el reverso. Durante la fabricación es fácil pasar por alto un detalle que en el producto terminado de repente se ve bien: un tornillo flojo, un canto afilado, restos de rotulador o un herraje torcido.

Antes del envío, compruebe que:
- los remaches quedan rectos y no tienen juego,
- los ojales no están agrietados ni cortan por debajo,
- la hebilla está en el eje y el hebijón se mueve con libertad,
- los agujeros de cierre están rectos y con la misma separación,
- la anilla en D y el resto de los herrajes están bien colocados,
- los tornillos están apretados y, si procede, asegurados,
- el material no está agrietado, cortado ni dañado en ningún sitio,
- no han quedado restos de rotulador, pegamento ni otra suciedad,
- los herrajes no están rayados ni dañados,
- los hilos están cortados,
- el collar se abrocha y se desabrocha con comodidad.
En las partes que soportan carga, haga también una prueba sencilla de tracción. Tire de la anilla en D, revise la hebilla y doble el collar en la forma que tendrá realmente en el cuello del perro. Algunos errores solo aparecen con carga o al doblar el collar, no cuando el producto está plano sobre la mesa.
Conclusión
Al hacer collares para perros, los detalles suelen marcar la diferencia. Algunos errores se ven enseguida; otros solo aparecen al abrochar, doblar o cargar el producto. Por eso merece la pena repasar el collar terminado una vez más antes del envío y comprobar no solo su aspecto, sino también el funcionamiento de cada unión y de cada herraje.
Cualquiera puede cometer un error al fabricar. Lo importante es detectarlo antes de que el producto llegue al cliente y saber la próxima vez en qué punto hay que prestar más atención.
Y si al fabricar se ha encontrado con un problema que no sabe resolver, escríbanos. Lo revisaremos con gusto, y quizá dé pie a otro artículo práctico o a un vídeo.


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